Cuidados para tener una piel sana 

La piel es un órgano complejo que debemos tener muy en cuenta y mimarla como se debe ya que no juega un papel secundario, actúa como capa de protección del organismo frente a su entorno, defensa frente al frío y el calor, protección frente a los agentes patógenos, protección frente a los rayos solares, órgano sensorial insustituible y, más allá de ser simple barrera con nuestro entorno, es también el depósito de nutrientes y agua, órgano secretor de productos de desecho del metabolismo.

Se entiende por tanto que es imprescindible mantener un cuidado óptimo a nuestra piel ya no sólo por motivos estéticos.
¿Cuál sería la piel ideal? Sería suave y poros finos, buena irrigación y muy elástica. No presenta granos, librillos evaluación y arrugas prematuras ni descamación ya que las glándulas sebáceas y sudoríparas funcionan con normalidad y no producen secreciones en exceso ni defecto.

Sin embargo, no todas las pieles son iguales y es necesario conocer nuestro tipo de piel para tratarla de forma adecuada y mejorar o evitar problemas de la piel tan comunes como irritaciones, granos, descamación...

Entre algunos consejos nos encontraríamos incluir en nuestra dieta alimentos que contengan cantidad de nutrientes, vitaminas, minerales y oligoelementos que dan vitalidad y tersura a la piel. Por el contrario, consumir en exceso fritos, productos cárnicos ahumados y embutidos grasos, pescado ahumado, platos muy condimentados y salados, en conserva, salsas grasas, bebidas azucaradas... la perjudican.

Debemos también conocer que cada vez que la piel entra en contacto con agua y jabón, pierde hidratación y por ende la capa protectora ácida se debilita, se corre el peligro que la piel pierda elasticidad y se reseque.
El jabón elimina de la piel su película natural de lípidos, por lo que sería recomendable emplear jabones de pH neutro o ligeramente ácido que afecten lo menos posible a la piel y su actividad.
Evitar el uso excesivo desfoliantes, manoplas y cepillos, y lavados con agua muy caliente.
Después del lavado, se recomienda un secado por compresión y el empleo de hidratante corporal.


En el libro CUIDA TU PIEL escrito por Heike Kovács, Monika Preuk leemos:
Sustancias como la lanolina, la glicerina o la urea tienen la propiedad de fijar el agua y, en consecuencia, pueden retenerla durante más tiempo en la superficie de la piel. Muchos productos de marca para el aseo corporal contienen aceites líquidos beneficiosos como el aceite de jojoba, la manteca de cacao o la grasa de butirospermo y, además factores hidratantes como pantenol o vitamina E, que confieren suavidad a la piel y refuerza su resistencia natural. La cosmética natural pueden utilizar también aceites vegetales vírgenes, a ser posible, prensados en frío, para la reconstitución de los lípidos de la piel
Otros productos que pueden alterar nuestra piel son los desodorantes, aerosoles para la higiene íntima... productos que pueden contener alcohol y fragancias entre otros de sus principios activos y que pueden causar irritación. No olvidemos también que los perfumes y la colonia pueden en contacto con el sol puede causar problemas de pigmentación.

© Imagen: Diseñado por asier_relampagoestudio / Freepik  

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