Los cosméticos convencionales 

Hoy en día, parece que hablar de belleza va íntimamente ligado con el uso del cosméticos.
Según leemos en la página web de STANPA (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética), el consumo de perfumes y cosméticos creció un 3,25% durante 2016 hasta los 6600 millones de euros. Por otro lado, en lo referente a las cifras publicadas por esta asociación sobre 2016 se recoge que el tejido industrial del sector de Perfumería y Cosmética está compuesto por más de 400 empresas instaladas y fabricando en España. El sector emplea de forma directa a más de 35.000 trabajadores y se calcula que a más de 200.000 de manera indirecta, en más de 15.000 perfumerías especializadas, 50.000 salones de peluquería, 22.000 centros de belleza y 21.800 farmacias.
Teniendo en cuenta que estos datos se refieren concretamente España, que en evidente el gran volumen de dinero que mueve este sector. Según las cifras publicadas, los españoles gastaban una media anual de 144 € por habitante y año.
¿Qué es un cosmético?
Según el reglamento de la Unión Europea, el producto cosmético sería toda sustancia o mezcla destinada a ser puesta en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales, con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto y/o corregir los olores corporales y/o protegerlos o mantenerlos en buen estado.
Se consideran como cosméticos una amplia gama de productos: cremas, emulsiones, lociones, jabón, aguas de colonia, perfumes, productos para el cabello, cuidado de la piel, desodorantes, maquillaje, productos de protección solar, etc. sustancias de uso tópico. Quedarían excluidos aquellos dirigidos a la prevención, diagnóstico y tratamiento de una enfermedad.
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¿Son seguros los cosméticos?
Probablemente pocos nos hemos planteado si estos productos que adquirimos con la intención de mejorar nuestro aspecto y nuestro cuidado e higiene personal son del todo seguro.
¿Alguna vez has leído las sustancias que contiene el producto de la etiqueta? Es más, ¿sabes exactamente lo que estás leyendo? Y, sin embargo, es su composición y las reacciones químicas que se establecen lo que nos puede explicar posibles efectos, tanto positivos como negativos. ¿Sabías que la lista de ingredientes sigue el orden en función de la cantidad en la que aparecen en la fórmula? ¿Sabías que el fabricante puede solicitar la exclusión de algún ingrediente para mantener la confidencialidad del producto?
Si tomamos como referencia la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, la legislación española y europea imponen unos ciertos requisitos para garantizar que los productos cosméticos sean seguros.
Los productos cosméticos se utilizan sobre las partes superficiales del cuerpo humano. Existe, por tanto, un contacto, aunque sea externo, del producto con el organismo, lo que puede dar lugar a interacciones por presencia, cesión o absorción de componentes. En ello se basan las acciones del cosmético sobre la piel, el cabello, los dientes o las mucosas bucales; pero también este contacto podría dar lugar a efectos no deseados como toxicidad, irritación o sensibilización. Esta es la razón de que se haya elaborado una legislación a la que deben someterse los productos cosméticos y las empresas que los comercializan cuyo objetivo principal es garantizar la ausencia de riesgos para la salud con el uso de estos productos.
Según la normativa, no se puede utilizar para la fabricación ciertas sustancias prohibidas, sólo pueden utilizarse determinados colorantes, filtros ultravioletas y agentes conservadores, etc. La lista de ingredientes deberá venir expresada en su denominación europea INCI y figurar en español las explicaciones relativas al contenido, precauciones de empleo, fecha de duración mínima, etc. Pero no podemos dejar de fijarnos en una frase concreta:
Además, no se pueden utilizar para la fabricación de productos cosméticos sustancias carcinógenas, mutágenas o tóxicas para la reproducción, salvo que cumplan determinados requisitos que aseguren su uso seguro en productos cosméticos.
¿Naturalmente atractivos?
Si bien esa excepción no implica que exista un riesgo vital, sí nos puede ofrecer otra perspectiva y dar sentido a las palabras que plasma Josefina LLargués en su libro NATURALMENTE ATRACTIVOS Cosmética casera, ecológica, veggie y sostenible
Como promedio, la mujer utiliza diariamente doce productos de cosmética e higiene diaria que pueden contener más de ciento setenta ingredientes diferentes. En el caso de los hombres, la media se sitúa alrededor de seis productos diarios, que contienen unos ochenta y cinco ingredientes, algunos de los cuales son activos a nivel hormonal y se relacionan con trastornos del sistema reproductor, como es el caso de los ftalatos, que pueden alterar los niveles hormonales en hombres y niños y dañar la calidad de los espermatozoides .
Los niños y niñas muestran una mayor sensibilidad a los contaminantes del aire, el agua, la comida y los productos de higiene diaria que los adultos. Una elevada exposición a ciertos contaminantes durante la infancia puede derivar en futuros trastornos de salud, puesto que en esta etapa los órganos son todavía inmaduros y con menos capacidad para defenderse de las agresiones químicas. Los que somos padres y madres, tenemos la responsabilidad de elegir los productos lo más naturales posible para la piel de nuestros hijos y ayudarles a crecer ofreciéndoles una alimentación sana, equilibrada y ecológica .

[...]Aunque existen leyes que regulan la utilización de sustancias tóxicas, mutagénicas o carcinógenas, las podemos encontrar en prácticamente todas las marcas de cosmética convencionales, tanto de gama alta como baja. En un solo producto, la presencia de este tipo de químicos puede ser relativamente baja, pero tanto la utilización diaria como el cóctel de tóxicos derivado de emplear diferentes cosméticos cotidianamente, incrementan la entrada al organismo, a través de la piel o la boca, en el caso de los productos de higiene bucodental, de sustancias perjudiciales para nuestra salud que, además, provocan un grave impacto ecológico .

[...]que en la etiqueta figure el nombre de un componente natural, en función de la tendencia del momento, no implica necesariamente que el producto final esté libre de químicos y que en el proceso de fabricación no se hayan utilizado parabenos, ftalatos, fragancias sintéticas… Con demasiada frecuencia, como se ha comentado, el ingrediente del que presume el fabricante está presente en una cantidad ínfima y el grueso de la formulación contiene muchas de las sustancias tóxicas que encontrarás listadas más adelante .
Los cosméticos y productos de higiene diaria convencionales e incluso gran parte de los que se venden como naturales o ecológicos sin el aval correspondiente, constituyen una vía directa y cotidiana de exposición a un auténtico cóctel químico, compuesto por un gran número de ingredientes que se usan también para limpiar equipos industriales, estabilizar pesticidas o engrasar motores. En su composición pueden figurar sustancias con demostrado potencial cancerígeno, irritante, alergénico, disruptor hormonal, etc., que deberíamos evitar .
No olvidemos que nuestra piel es un órgano vivo y permeable y que cualquier sustancia destinada a su tratamiento o hidratación entrará en la circulación sanguínea y linfática y llegará a todas nuestras células, tejidos, órganos, sistemas y aparatos.



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